Hola y bienvenido a uno de los rincones más fascinantes de Argentina. Estás frente a la entrada principal del Cementerio de la Recoleta, custodiada por imponentes columnas de estilo neoclásico. Al cruzar estas rejas, dejas atrás el bullicio moderno de la ciudad para entrar en un espacio donde el tiempo parece haberse detenido. Originalmente, este terreno era la huerta de los monjes de la Orden de los Recoletos Descalzos, a quienes el barrio debe su nombre.[3] [4] En noviembre de mil ochocientos veintidós, se transformó en el primer cementerio público de Buenos Aires, bajo el diseño del ingeniero francés Próspero Catelin. Lo que hoy ves como una suntuosa ciudad de mármol comenzó como un campo santo sencillo para toda la población, antes de transformarse en el destino final preferido de la aristocracia argentina. Mientras caminas por sus calles pavimentadas, recuerda que este lugar es mucho más que un cementerio; es un reflejo de la historia política y social del país, un laberinto de historias que esperan ser escuchadas.