En el año 1871, San Telmo fue el epicentro de un evento que cambió la geografía social de Buenos Aires para siempre: la epidemia de fiebre amarilla. La enfermedad, transmitida por mosquitos, golpeó con tal violencia que mató aproximadamente al 8 por ciento de los porteños en pocos meses. Ante el pánico, las familias más adineradas abandonaron sus suntuosas mansiones y huyeron hacia el norte de la ciudad, estableciéndose en los actuales barrios de Recoleta y Palermo. Estas casonas, una vez deshabitadas, fueron ocupadas por oleadas de inmigrantes europeos que llegaban al puerto buscando un futuro. Así nacieron los conocidos como conventillos, viviendas colectivas donde decenas de familias compartían un solo patio central. Al caminar por la calle Defensa, puedes observar antiguas residencias como el Pasaje de la Defensa, que conservan esta estructura de patios sucesivos que hoy albergan talleres de artesanos y galerías de arte.