Estás a punto de caminar por uno de los lugares más fascinantes del mundo. El Palacio de Diocleciano no es un museo silencioso rodeado de cuerdas de terciopelo; es el corazón vibrante de Split, un monumento vivo donde la historia de mil setecientos años se mezcla con el aroma del café recién hecho y el murmullo de la vida cotidiana. Imagina que este enorme complejo, que abarca unos treinta mil metros cuadrados, fue construido originalmente para un solo hombre: el emperador romano Diocleciano.[2] Al entrar por la Puerta de Plata, cerca del bullicioso mercado de Pazar, dejas atrás el presente para adentrarte en una estructura que ha sido declarada Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura desde el año mil novecientos setenta y nueve. Aquí, las antiguas columnas romanas sostienen hoy apartamentos modernos, y los pasillos imperiales son ahora estrechos callejones llenos de tiendas y vida. Abre bien los ojos, porque cada piedra que pises tiene una historia que contarte sobre el poder, el retiro y la supervivencia.