Observen con atención la construcción del arco. Con una altura aproximada de 7 metros y 20 centímetros y poco más de 5 metros de ancho, presenta una silueta compacta pero notablemente robusta. La estructura está hecha con enormes bloques de caliza local, ensamblados con la confianza monumental propia de la ingeniería augustea. Si miran hacia arriba, bajo la curva del arco, todavía pueden distinguir el delicado relieve tallado de un antiguo motivo vegetal, un gracioso adorno natural incrustado en la pesada piedra. El arco también cuenta una historia de evolución arquitectónica a lo largo de los siglos. Flanqueando la abertura, los constructores romanos labraron pilastras acanaladas coronadas por elegantes capiteles corintios, aunque hoy solo la pilastra izquierda permanece totalmente descubierta y visible. Hacia el primer siglo de la era común, el arco sufrió modificaciones para adaptarse a los cambiantes estilos imperiales. Después, en los siglos siguientes, la ciudad simplemente creció a su alrededor. El lado oriental quedó integrado en el tejido de una casa vecina, mientras que el lado occidental se liberó finalmente de añadidos medievales posteriores durante una excavación en 1913.