Si miras con atención la estructura, verás una mezcla de estilos que te dejará sin aliento. Aquí se unen el arte bizantino, el árabe, el normando y hasta el neoclásico. Un dato fascinante: antes de ser la catedral que ves hoy, este sitio albergó una basílica paleocristiana y, más tarde, una gran mezquita durante la dominación musulmana. De hecho, si te acercas al espectacular pórtico de estilo gótico catalán en la fachada sur, busca la primera columna de la izquierda; allí verás tallada una inscripción en árabe extraída del Corán, un recordatorio tangible de ese pasado islámico. El arzobispo Gualtiero Offamilio inició la construcción actual en el siglo doce con la ambición de superar en belleza a la cercana Catedral de Monreale, desatando lo que los historiadores llaman la batalla de las dos catedrales. Recuerda que, para entrar, se exige una vestimenta decorosa: asegúrate de cubrir tus hombros y evitar los pantalones cortos o minifaldas.