Frente a ti se encuentra la estrella indiscutible del complejo: el Buda Reclinado, o Phra Phuttha Saiyas. Con una longitud asombrosa de 46 metros y una altura de 15 metros, esta estatua recubierta de pan de oro representa el paso del Buda hacia el nirvana final. No pierdas detalle de las plantas de sus pies; están exquisitamente decoradas con incrustaciones de madreperla que forman 108 símbolos auspiciosos, como flores, elefantes blancos y tigres, que identifican al Buda como un ser iluminado. Mientras recorres el pasillo lateral, notarás 108 cuencos de bronce. Es una tradición común entre los visitantes depositar una moneda en cada uno como gesto de mérito para atraer la prosperidad; el sonido rítmico de las monedas cayendo es parte del alma sonora de este salón. Recuerda que, para entrar aquí, debes vestir con respeto, cubriendo hombros y rodillas, y quitarte los zapatos depositándolos en los estantes o bolsas provistos.