Quizá el hecho más inspirador sobre el edificio que ven ante ustedes es que fue construido casi en su totalidad por los propios monjes. Cuando los monjes benedictinos franceses regresaron a este lugar en 1882, solo descubrieron unas pocas ruinas medievales y una casa del siglo XIX. En 1907, bajo el liderazgo del abad Anscar Vonier, iniciaron la titánica tarea de reconstruir la iglesia de la abadía sobre su planta medieval original. Durante más de treinta años, un equipo compuesto habitualmente por solo cuatro a seis monjes —la mayoría de los cuales no tenía experiencia previa en albañilería— trabajó incansablemente para levantar estos muros de piedra caliza. Cortaron, tallaron y colocaron la piedra a mano, terminando la torre solo unas semanas antes de que el abad falleciera en 1938. Mientras recorren los terrenos, observen que los senderos están bien cuidados y son accesibles en su mayoría para quienes usan sillas de ruedas o carritos, permitiendo que todos aprecien esta monumental obra de amor. La entrada a la iglesia es gratuita, invitando a los visitantes a compartir el resultado de sus décadas de devoción.