A la mayoría de los visitantes les sorprende saber que este magnífico edificio nació de una búsqueda de refugio. Tras la Revolución Rusa de 1917, un grupo de refugiados tártaros de Kazán y baskires huyó de la persecución, viajando a través de Asia Central y Manchuria antes de establecerse finalmente aquí mismo, en Japón. Para 1938, habían construido la mezquita original y una escuela islámica, buscando una forma de mantener su fe e identidad en su nuevo hogar. Esa estructura de madera original se mantuvo en pie durante casi cincuenta años como el corazón de la comunidad musulmana de Tokio hasta que, lamentablemente, fue demolida debido a su antigüedad en 1986,. El terreno fue finalmente donado a la República de Turquía, que financió la magnífica reconstrucción que ve hoy, completada en el año 2000,,. Cada piedra y azulejo aquí honra a esa comunidad resiliente que se negó a irse incluso después del Gran Terremoto de Kanto de 1923, eligiendo en su lugar ayudar a reconstruir la ciudad que habían llegado a amar.