Bienvenidos a Villa Borghese, el extenso pulmón verde de ochenta hectáreas de Roma que sirve como santuario público y museo viviente. Se encuentra en lo que alguna vez fue un vasto viñedo del siglo XVII, transformado por el cardenal Scipione Borghese, sobrino del Papa Pablo V, en una villa de delicias [1, 2]. Cuando comenzó la construcción en 1606, el objetivo del cardenal era ambicioso: crear un retiro suburbano que reflejara el inmenso prestigio de su familia y albergara una de las colecciones de arte más importantes de la historia. Al recorrer estos senderos, imagine la transición de una finca aristocrática privada, donde solo se invitaba a la élite, al vibrante parque público que ve hoy, que el estado italiano abrió finalmente a todos en 1903. Hoy sigue siendo el tercer parque más grande de Roma, ofreciendo una mezcla única de naturaleza y alta cultura que ha inspirado a poetas y viajeros durante más de cuatrocientos años.