Fíjate ahora en la fuente situada justo en la base de la escalinata: la Fontana della Barcaccia. Esta obra fue encargada por el papa Urbano octavo a finales de los años 1620 y es el resultado del ingenio de Pietro Bernini, con la probable ayuda de su hijo, el célebre Gian Lorenzo Bernini. Su diseño en forma de barco naufragado no fue solo un capricho artístico, sino una solución técnica brillante. En esta zona de la ciudad, la presión del agua del antiguo acueducto Acqua Vergine era muy baja, lo que impedía crear chorros altos o cascadas. Para solucionar este problema, Bernini decidió hundir la fuente por debajo del nivel del suelo, permitiendo que el agua brotara con suavidad de los costados de la barca. El diseño también rinde homenaje a una gran inundación del río Tíber ocurrida en 1598, cuando se dice que un viejo barco encalló precisamente en este lugar tras la crecida. Si observas los detalles, verás los soles y las abejas tallados, que eran los símbolos heráldicos de la familia Barberini, a la cual pertenecía el papa que financió la obra.