Te encuentras en el acceso principal de la zona arqueológica de Herculano, situada en el número ciento ochenta y siete de Corso Resina. Al detenerte aquí, estás literalmente sobre una cápsula del tiempo única en el mundo. Mientras que su vecina Pompeya es famosa por su inmensidad, Herculano te ofrece algo mucho más íntimo y asombrosamente conservado. Mira hacia abajo, hacia las excavaciones: lo que ves es una ciudad que quedó sepultada bajo veinte metros de material volcánico tras la erupción del Vesubio en el año setenta y nueve después de Cristo. Imagina que el suelo que pisas hoy era originalmente el nivel de la parte superior de los edificios romanos. Aquí, el tiempo no solo se detuvo; se congeló bajo una capa de lodo hirviente que protegió la ciudad de los buscadores de tesoros y del paso de los siglos hasta su redescubrimiento accidental en el siglo dieciocho. Prepárate para caminar por las mismas calles que pisaron los antiguos romanos, pero con una nitidez que te hará olvidar que han pasado dos milenios.