A poca distancia encontrarás la Campana de la Libertad, resguardada en su propio pabellón de cristal. Aunque es famosa por su grieta, esa marca es en realidad el resultado de un intento de reparación fallido en 1846. Lo que hace a esta campana tan especial no es solo su antigüedad, sino su mensaje: Proclamad la libertad por toda la tierra a todos sus habitantes. Originalmente fundida en Londres en 1752, la campana se agrietó en su primer toque y tuvo que ser refundida dos veces por artesanos locales. A mediados del siglo diecinueve, se convirtió en un icono poderoso para los abolicionistas que luchaban por terminar con la esclavitud, y más tarde para las sufragistas y líderes de los derechos civiles. Hoy en día, su entrada es gratuita y no requiere boleto, permitiéndote ver de cerca las más de cuarenta marcas de perforación que intentaron detener la fractura que finalmente la dejó en silencio en 1846.