A diferencia de otras ciudades fundadas únicamente por el comercio, Montreal nació de un sueño místico profundo. En mayo del año 1642, un grupo de franceses liderados por Paul de Chomedey, señor de Maisonneuve, y la intrépida enfermera Jeanne Mance, desembarcaron en lo que hoy conocemos como Pointe-à-Callière para fundar Ville-Marie. Su objetivo original no era el dinero, sino crear una comunidad religiosa ejemplar en el nuevo mundo. Jeanne Mance, una mujer de una determinación increíble, fundó el Hôtel-Dieu, el primer hospital de Montreal, en una época en la que la supervivencia era una lucha diaria contra el clima extremo y los conflictos territoriales. Este espíritu de resiliencia y espiritualidad es lo que forjó los cimientos de la actual calle Saint-Paul, la vía más antigua de la ciudad.