Antes de finalizar tu recorrido, es fundamental recordar que la High Line que hoy disfrutas estuvo a punto de desaparecer. En 1999, la ciudad planeaba demoler la estructura restante, pero el esfuerzo de dos vecinos, Joshua David y Robert Hammond, lo impidió. Ellos fundaron la organización Amigos de la High Line, logrando que los neoyorquinos vieran el potencial estético y social en lo que otros consideraban chatarra. Este parque es, ante todo, un testamento del poder de la participación ciudadana. Al continuar tu paseo hacia Hudson Yards o bajar hacia las calles de Chelsea, reflexiona sobre cómo este pequeño tramo de acero salvado del olvido ha inspirado a ciudades de todo el mundo, desde Ciudad de México hasta Seúl, a mirar sus infraestructuras obsoletas con ojos nuevos. Disfruta el resto de tu camino, respira hondo el aire cargado de lavanda y gramíneas, y siente la energía única de esta ciudad que nunca deja de reinventarse.