Bienvenido al corazón verde de Manhattan. Se encuentra en lo que muchos consideran el primer y más famoso parque paisajístico de los Estados Unidos [1]. Con una extensión de ochocientas cuarenta y tres hectáreas, Central Park fue diseñado para ser mucho más que un simple lugar con césped y árboles [2]. Fue concebido como una obra maestra democrática, una vasta obra de arte donde cada neoyorquino, independientemente de su origen, pudiera escapar de la sobrecarga sensorial de la ciudad. Al comenzar su viaje, imagine el año mil ochocientos cincuenta y ocho, cuando Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux ganaron el concurso de diseño con su visión llamada el Plan Greensward [5, 7]. Mientras las torres de la ciudad ahora se alzan sobre las copas de los árboles, todo lo que ve —las colinas onduladas, los lagos resplandecientes y los densos bosques— fue esculpido meticulosamente por manos humanas utilizando decenas de miles de carros de tierra. Al caminar, note cómo la cuadrícula de la ciudad parece desvanecerse, reemplazada por senderos sinuosos diseñados para que se pierda en la naturaleza.