Bienvenido al Alcázar de Segovia, un lugar donde la historia parece haber sido tallada directamente de la tierra. Se encuentra ante uno de los castillos medievales más famosos del mundo, un monumento reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura desde mil novecientos ochenta y cinco [1][1]. Al observar su silueta, notará que se parece menos a un fuerte cuadrado tradicional y más a la proa de un enorme barco de piedra. Esto no es casualidad; el castillo está situado sobre un risco rocoso escarpado donde confluyen los ríos Eresma y Clamores, creando una proa defensiva natural que ha protegido este sitio desde al menos el siglo doce. Esta fortaleza ha desempeñado muchas funciones: comenzó como un castro romano, pasó a ser un palacio real para treinta reyes españoles, sirvió como una sombría prisión estatal y, finalmente, se convirtió en la sede de la Real Academia de Artillería de España. Al comenzar su paseo, tómese un momento para respirar el aire de las llanuras castellanas e imagine los siglos de caballeros, reinas y eruditos que una vez cruzaron el mismo puente en el que se encuentra hoy.