Todo gran edificio tiene un origen, y este comienza con una catástrofe. En la noche del 24 de julio de 1832, durante el sitio de Oporto en las Guerras Liberales, un enorme incendio arrasó el convento de San Francisco. El convento había sido fundado en el siglo XIII. El fuego destruyó sus claustros, pero la iglesia sobrevivió, y es la iglesia que hoy ven junto al palacio. Más tarde, la reina doña María II donó las ruinas. Los comerciantes de la ciudad levantaron su nueva sede sobre ese terreno, un lugar destinado al salón de contratación de la bolsa y a un juzgado de primera instancia. Tenían una razón urgente. El antiguo edificio de la bolsa había cerrado, y los comerciantes de Oporto se vieron obligados a tratar sus negocios al aire libre. La Asociación Comercial colocó la primera piedra el 6 de octubre de 1842, bajo la presidencia de José Henriques Soares, barón de Ancede. Algunas lecturas modernas interpretan el edificio como un símbolo de la afirmación de la burguesía mercantil de Oporto frente al clero, ya que en el lugar donde antes había un convento se levantaba ahora un palacio del comercio.