Bienvenidos al Castillo de Rosenborg, un cuento de hadas de ladrillo rojo que se alza en el corazón de Copenhague. Mientras contempla estas ornamentadas decoraciones de piedra arenisca y las agujas de color verde cobre, está observando el proyecto personal del Rey Cristián IV, uno de los monarcas más famosos y ambiciosos de Dinamarca [1]. Construido entre mil seiscientos seis y mil seiscientos treinta y cuatro, este castillo fue concebido originalmente como una modesta "casa de placer" en el campo, lejos de las estrechas murallas de la ciudad [1]. A lo largo de casi treinta años, evolucionó hasta convertirse en el grandioso palacio del Renacimiento holandés que ve hoy [2]. Notará lo esbelto y elevado que parece; esto se debe a que el rey siguió añadiendo más plantas y torres a medida que crecían sus ambiciones. Hoy en día, sigue siendo una cápsula del tiempo de la historia real, notablemente preservada como si los antiguos reyes acabaran de salir de la habitación.