Si diriges tu mirada hacia la ladera sur del palacio, verás la imagen más icónica de Sanssouci: las seis majestuosas terrazas de viñedos que descienden en cascada. Federico el Grande fue un apasionado de la agricultura y la estética, y quiso que su palacio estuviera literalmente integrado en la naturaleza. En lugar de un jardín tradicional, ordenó plantar vides procedentes de Italia, Francia y Portugal, protegidas por nichos de cristal para que los racimos maduraran bajo el sol prusiano. Esta fusión entre arquitectura y paisaje define el estilo Rococó Federiciano, una variante del arte francés personalizada por el propio rey y su arquitecto, Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff. Te doy un pequeño consejo para tu visita: la mejor fotografía se toma desde la fuente que está en la base de la colina. Desde allí, el palacio parece una corona dorada sobre el viñedo, aunque el arquitecto diseñó deliberadamente el edificio sobre una sola planta para que, al subir las escaleras, el palacio pareciera emerger gradualmente de la tierra. Por favor, ten en cuenta que el ascenso por los escalones requiere un poco de esfuerzo físico, así que disfruta del aire fresco y detente en cada nivel para observar las estatuas de mármol que celebran la mitología y la vida al aire libre.