Estás de pie en la cima del Cerro del Jaguar, a mil novecientos cuarenta metros sobre el nivel del mar, donde hace más de dos mil quinientos años nació una de las metrópolis más imponentes de Mesoamérica. Imagina a los antiguos zapotecos llegando a este lugar alrededor del año quinientos antes de Cristo. Lo que ves a tu alrededor no es solo un conjunto de templos; es el resultado de un sueño colosal de ingeniería y poder.[2] Este sitio fue la capital zapoteca durante trece siglos, un centro religioso y militar que dominó los tres brazos del valle de Oaxaca. En mil novecientos ochenta y siete, la UNESCO reconoció su valor incalculable al declararlo Patrimonio de la Humanidad. Al caminar por aquí, estás siguiendo los pasos de una civilización que se llamaba a sí misma la gente de las nubes. Tómate un momento para sentir el viento que sopla desde los valles; ese mismo aire ha sido testigo del ascenso y caída de imperios mientras esta montaña sagrada permanecía vigilante.