Antes de volver a la plaza, echa un último vistazo, y esta vez observa a las personas, no la piedra. La plaza el-Hedim ha sido el escenario frente a esta puerta durante siglos, y la puerta ha sido su telón de fondo: un rostro fijo, formal y ceremonial vuelto hacia el ajetreo diario de una ciudad que trabaja. Esa tensión es lo que debes llevarte contigo. La ciudad histórica de Mequinez está reconocida como Patrimonio de la Humanidad, y esta puerta es una de las razones por las que la gente viene, pero el patrimonio no es solo lo que se protege. También es lo que se usa. Pregúntate quién ha caminado por este arco: soldados y funcionarios, sin duda, y comerciantes, peregrinos, estudiantes, vecinos. Un relato patrimonial describe la puerta como un testigo vivo de la vida de la ciudad, conservando las huellas de todos los que pasaron bajo ella. Quizás esa sea la mejor manera de dejarla. No un monumento que has terminado de ver, sino un umbral que ha estado observando la calle mucho más tiempo que cualquiera de nosotros, y seguirá observando mucho después de que te marches.