Se encuentra en el límite de uno de los secretos mejor guardados de Bruselas, la Abadía de la Cambre. Enclavado en un valle tranquilo entre el vasto bosque del Bois de la Cambre y los estanques de Ixelles, este sitio parece un mundo aparte. Al mirar a su alrededor, notará cómo las colinas onduladas y los elementos acuáticos crean una atmósfera aislada que los lugareños apodaron una vez "la Pequeña Suiza". Esto no fue casualidad; durante más de ocho siglos, este hueco en el paisaje ha servido de santuario frente al ajetreo urbano. Respire hondo y escuche el canto de los pájaros y el suave sonido del arroyo Maelbeek, que nace justo aquí, bajo sus pies. Hoy, este antiguo monasterio cisterciense es un híbrido único donde la historia silenciosa se encuentra con la creatividad moderna, sirviendo tanto de casa de oración como de campus artístico de fama mundial. Es un lugar donde se pueden recorrer siglos de patrimonio belga en solo unos pasos.